martes, 7 de octubre de 2008

Gente en el camino


Fin de semana sin pensar en nada; nada como lo que suelo pensar los fines de semana, cosas como: ¿por qué a mi?. O cualquier otro tópico que incluya autocompasión. Fue una sensación de mini libertad. Tiempo para mí, para mis películas (tenía que ver Alta Fidelidad) y mis libros (Saramago acompaña) música (STA), descubrimientos menudos que dan movimiento a los días en que escribo como máquina mientras desconecto mi cerebro y ando con piloto automático. Días de trabajo. Asqueroso y necesario trabajo.
Es cierto que me asaltan preguntas negras, pero evito hablar con ellas, evito buscar respuestas para aquello que no necesito recordar. Me alegro de tener facilidad para olvidar. Es una virtud poco valorada.
Si debo comparar mi vida con una novela entonces estoy condenada a escribir borradores sobre cada uno de los capítulos, eso significa repetir muchas veces la misma historia. Que fome mi comparación. No, mi vida está lejos de ser o parecer un libro.
Ayer, luego del trabajo salí “al centro”, cualquier coyhaiquino sabe lo que eso significa: dar vueltas como caballito de carrusel (si, con esa expresión de muñeco bobo) entre las dos calles con vida de esta ciudad: Prat y Condell. Mirar vitrinas, mirar gente, mirar a los perros vagos y fumar un cigarro sentada en el pasto.
Gringos vagos y mendigos, turistas y paseantes. Todos caminan en solo dos direcciones. Es una danza triste. Todos caminamos por ese pasillo de la plaza sintiendo los ojos escrutadores de los demás (admítelo, todo el mundo siente eso).
Los pendejos del liceo que gritan y el sol brillando demasiado, gafas de sol gigantes y violetas (chica bum) mi abrigo verde claro y falda. Tacos que provocan ese sonido de presagios.
De reojo veo las vitrinas para apreciar mi reflejo en toda su esplendorosa copia, estudiar los pasos y no tropezar . Ensayar la tontera femenina hasta que me da risa y vuelvo a caminar normal y hablar sola.
Reír con emily y olvidar las estupideces que se me ocurrieron el lunes mientras compartíamos un cigarro en su casa. Filosofía de dos minas sin rumbo. Filosofía barata, pero eficiente. Mis ideas estúpidas y mis ataques caprichosos de hacer daño.Tienes razón amiga, no es necesario volver sobre los pasos. Lo sé ahora que camino entre esta gente que mira el suelo y hago un trato personal, que guardo en la memoria. Debo recordar que tengo facilidad para olvidar.

1 comentario:

Emily dijo...

Flaca de mi alma estás tan loca¡¡¡¡ por eso te quiero tanto jajaja.