No puedo creer lo limitadas que pueden ser algunas personas y aún así encontrar a otros a quienes convencer. ¿Qué diablos les pasa a los adultos?. En que momento se transforman en seres tan torcidos y rencorosos. Me sorprendo de encontrar gente a la que nunca debí conocer, lugares a los que no debí ir y palabras que no debí decir. Todo por creer que las fronteras se podían correr de lugar, que había espacio en esas personas para conocer, para aprender. No quieren conocer, quieren compasión, quieren lastima y creen que aquello que mejor los define son las desgracias de su mundo, sus títulos, sus papeles colgando del pecho, sus trajes, sus viajes. Me enferma la sola sensación de conocer ese mundo, de ver como mueven sus dedos como tentáculos intentando cagarse, defenderse, justificarse. Si realmente no le importara nada no harías tantos esfuerzos por que todo el mundo se entere de tu magnifica tragedia griega. Si realmente no te importa nada yo debería estar escribiendo sobre otras cosas.
La rabia y la decepción que sentía no era por lo que sucedió, era porque dejé que me sucediera. Yo lo permití, borroneado los defectos evidentes, cambiando las historias omitiendo detalles y lo peor de todo, apagando la voz que en mi cabeza repetía:¿qué diablos hago aquí? Debería salir corriendo... yo no pertenezco a esta mierda.. quién eres tú? Y el rechazo que sentía entonces me hacía sentir culpa. Y la culpa me volvía compasiva, comprensiva en un intento de ser lo que no soy: una mina con paciencia.
Nunca debí dejar que el sol viera esto
Nunca debí dejar la puerta abierta
Nunca debí confiar.Horrible historia de ficción, bórrate.
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