Sentada sobre el techo de la casa y mientras disfruto de un cigarro observo las luces de colores que se expanden... fuegos de artificio, alegría instantánea. Los estampidos mueven el aire y me siento lista para tenderme tranquila y ver las estrellas que se ocultan entre algunas nubes. La luna se opaca ante el espectáculo de colores, sin embargo, algo de su encanto me permite fumar este cigarro tranquila e ignorar el frío que dejó la lluvia repentina de hoy por la tarde.
Curioso, la lluvia me dio risa y no pude evitar el deseo de salir y sentir esa agua tan inoportuna. En el patio de la casa perdí lo último de salud que me quedaba y ahora en este techo siento que el cigarro acabará provocando que mañana no pueda hablar. No importa, al menos me evitará decir algunas de mis tonteras habituales.
Domingo de luces, domingo de colores contra el cielo algo negro, contra esas nubes que se acumulan tras los cerros que me llevan a Pto. Aysén.
Domingos hay para todos los gustos, incluso para odiarlos.
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