Y eso no estaba en los planes, lo sé. Hay algo incómodo en todo esto, te lo dije ayer al teléfono. Pensar que no debió suceder no lo hace menos presente. Sé que pedirás perdón pero no lo quiero. No quiero una sola palabra sobre esto, no quiero.
Si sigo pensando o escribiendo voy a llorar y es que la desesperación se transforma en una constante de vida y la marca de mis abuelos comienza a arder sobre mi frente. Otro fallo más, otro paso en falso y siento que no podré soportarlo.
Debo dejar de fallar, debo dejar de sentir que el impulso es mayor que mi razón… pero estuve tanto tiempo bajo el yugo esclavizante de mi conciencia. Mi conciencia y mi inconsistencia.
Un enredo de ser humano, fantástico, ahora me siento triste cuando debería celebrar el hecho de que las heridas han sanado pronto. Pero otra vez los clavos rompen la madera.
Insisto en el delicioso sentir de lo prohibido, en el delicioso olor de los cuerpos. Mis sentidos ya despiertos desean aprenderlo todo, descubrir todo. Desde los susurros en el oído, las caricias en la espalda y el perfume suave de tu cuello. Olor particular que acelera mi corazón, acelera los movimientos de las piezas sobre el tablero, torres caen y caballos se encabritan. La reina escapa furiosa y mi defensa se desarma. Mal juego para una mala perdedora.
Tableros revueltos, jugador perdido.
NO ME ARREPIENTO DE NADA... ENTIENDES, YO?
2 comentarios:
Amiga no es necesario que tu conciencia acompañe todas tus decisiones, si no, mirame a mí mas entregada que nunca sin saber si quiera si regresará después del último viaje...
Difícil. Un texto muy honesto y preciso.
Un saludo
Jesús Dominguez
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