El ruido del agua lo confundía todo y tú mirabas al cielo. Te dije: vamos a la orilla y seguiste mis pasos. Había demasiado aire, demasiado espacio y la única protección que pude ofrecerte fue un abrazo. Cigarrillos y cerveza, conversación y sonrisas. Pequeños gestos del mundo que hicieron mucho más fácil la despedida.
Guardarán nuestras sombras ese lugar?. los contornos de nuestros cuerpos dibujados en papel blanco. Es hora de irse, es hora de volver, hora de dejar de jugar y volver a fingir. Dejé el sol atras del camino y el regreso de esa tarde se selló en un momento. No hay mucho que decir, casi nada que pensar.
Tienes el don de quitarme las palabras... eres impronunciable.
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