
Sentadas sobre la cama, los pies descalzos, cientos de hojas sobre el suelo. Reimos tanto, sin control, reimos de los seres vivos, de tu letra y la mia en el libro de Santiago. Coronas para las dos, reinas de este misero lugar. Apoyo mi frente sobre la cama y las lágrimas de cierta herida se deslizan suave sobre la colcha. Hay que olvidar, me dices mientras lees a Huidobro (rehén de nuestro habitual encuentro)
Calafate y su sabor amargo - dulce en la boca, que me recuerdan a woody allen. Me recuerdan Pto. Aysén lloviendo, de la mano al final de la calle, lugares donde nadie puede ver que eres infiel.
El cuaderno y mi letra con lápiz verde, baile de ilusiones en el metro.... desliz (ups! lo siento!), recuerdos de risas ahogadas porque el hamster cuático podría salir de su pieza en cualquier momento.
Risas en la escalera, cuando nos escapamos a comprar y terminamos caminando en lugares tan olvidados que el instinto se despertaba.
Bennedetti ¿cuándo me dejaste?, estabas ahí infiel e ingrato, voluptuoso y cerrado sobre la cabecera.
Las lágrimas se secaron sobre la colcha. Cerraste el libro de Huidobro en mitad de un poema. Volvemos a sonreír, a reir, a gritar a escribir en el libro de Santiago y dejemos a los seres vivos dormir en sueño de los idiotas.
Sabes que es para ti amiga