martes, 16 de septiembre de 2008

No hace falta que te diga...

Sonrío mientras sacas tu cámara (no es digital, tú jamás usarías algo así). Ahora estas a pasos de mi y yo sintiendome ridícula saco la lengua y arruino la foto.... eso es muy mio. ¿por que no quieres una foto? preguntas con cara de intrigado. Porque no voy a poder borrarla - contesto mientras dibujo caminos en el cenicero y me apuro a fumar otro mentolado.
Me acuerdo de un tipo larguirucho, demasiado entrometido y hablador que entró a la sala como si fuera su reino y nos miró a todos a los ojos. Recuerdo que no me intimidé con tu presencia, ni mucho menos me convenciste con tu discurso. Me reí de tus poemas y te convencí de escribir cuentos... te reiste de mis cuentos y me dejaste escribiendo poemas.

-hey, Nuwanda- te digo mientras me pasas libros y fotos de tu vida- ¿te acuerdas del trato?
Te ries, me callo, el trato era serio nuwanda ¿por que crees que te busco? ¿por que crees que me encuentras?...
Los dos frente a frente en la sala de biología, tú me miras fijamente y yo respondo a la señal. Luego, un gesto extraño y ensayado sale de tu cuerpo: juntando las manos creas un arma, me apuntas y disparas, luego tomas el arma imaginaria y apuntas a tu sien... siempre jalas del gatillo amigo.

Nuwanda deja los libros y cambia la expresión. Me mira a los ojos casi sin respirar, junta las manos y apunta a mi cabeza, se acerca despacio hasta que sus dedos tocan mi frente. Cierro los ojos para no ver como desapareces. Concentro mi ser en nuestro diminuto contacto y deseo que realmente algo detone desde tus manos.
Silencio... Respiras demasiado cerca...

Debiste apretar el gatillo nuwanda.

1 comentario:

Emily dijo...

como leí el texto el viernes
y con lo descontrolado del fin de semana
no dejo de posarme en la imagen
como si te hubiera acompañado sin conocernos siquiera
y repetir quinientas mil veces
el acto
me agrada
que forma mas simple de acabar con todo...