miércoles, 17 de diciembre de 2008

GRACIA Y EL FORASTERO

Tengo una idea del mar, una idea fija que se repite y saluda cada vez que aparece.
Caminé por tu orilla, disfrutando el suave roce del viento y la sensación helada del mar en mis pies. No sé en que momento las olas comenzaron a llevarme, pero no tuve deseos de escapar, ahora tenía el agua en mis rodillas y la sensación de frío llegaba en suaves corrientes hasta mi cabello.
Apareciste desde el fondo y miraste las estrellas ignorando que eras objeto de mi curiosidad... reflejaste tu imagen en el agua y pensé en llamarte, pero no podía interrumpir tu viaje. Eras parte del mar que me empujaba un poco.
Los choques del agua reventaban en mis oídos, Tú seguías ahí sorteando el infinito, eternizando el presente sin más herramienta que tu vista al cielo- comenzé a preocuparme de la falta de gravedad y por la sensación de embriaguez que se volvía cada vez más agradable.
Yo tengo una idea fija del mar, un instante que me atrapó tu mirar indiferente y el oleaje me llevó por tierras extrañas, donde no existía gravedad alguna. Desde ahí en adelante tu presencia estuvo siempre acompañando a mi soledad.

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